Ciclo de vida

La vida de estos animales está claramente diferenciada en dos etapas: una etapa larvaria y una etapa adulta. Existen enormes diferencias entre ambas etapas, comenzando por la vida acuática de las larvas y la vida aérea que desarrollan finalmente los adultos. A pesar de esto, la metamorfosis que realizan los odonatos se considera primitiva en comparación con la de otros animales, ya que carecen de una pupa y durante la fase larvaria comienzan a desarrollar estructuras del individuo adulto, como pueden ser los esbozos alares que darán lugar a las alas.

ETAPA LARVARIA

Etapa larvaria


ETAPA ADULTA

A diferencia de las larvas, los adultos son más independientes del medio en el que viven y no se encuentran exclusivamente en las proximidades del agua sino que a menudo van a cazar más lejos: bosques, prados, incluso ciudades. El vuelo de los odonatos es bastante potente y ágil, y son capaces de alcanzar velocidades altas, de hasta 50 Km/h, girar bruscamente, cernirse e incluso volar hacia atrás. Algunas libélulas llegan a realizar migraciones y pueden recorrer muchos kilómetros volando en bandadas. Un caso interesante como ejemplo de la capacidad dispersiva de estos animales en nuestra región es el de Trithemis annulata, especie de África y Asia occidental que fue citada por primera vez en la Península Ibérica en 1980, tras ser localizada en el río Guadalmellato de Córdoba (Ferreras-Romero, 1980). Actualmente T. annulata se encuentra distribuida por casi toda Andalucía y buena parte de la Península Ibérica. 

Todos los odonatos adultos abandonan sus lugares de crianza recorriendo una distancia más corta o más larga, pero en el momento de la reproducción regresan al mismo lugar o a otro distinto siempre que éste reúna las condiciones adecuadas para la reproducción: charcas, lagunas, ríos, etc. Los machos maduran antes que las hembras, y es en este momento cuando algunas especies muestran un comportamiento tremendamente territorial. Los machos defienden un territorio perfectamente delimitado al que sólo pueden acceder las hembras. Este territorio general-mente es vigilado desde una zona apropiada con buena visibilidad, ya sea un tallo, una rama o una roca. Aeshnidae y Cordulegastridae vigilan su territorio patrullando constantemente en vuelo. El tamaño del territorio depende del tamaño del individuo, de su capacidad de desplazamiento y de la densidad de machos. Cuando hay mucha densidad de machos el territorio puede reducirse a un mínimo determinado. En algunas especies en condiciones de altas densidades de machos, aquéllos que no pueden conseguir un territorio se posan cerca del de otro macho pero permanecen posados sin volar para no ser detectados. Esta conducta permite a estos machos “satélites” poder copular con una hembra u ocupar el territorio ajeno si el propietario desaparece. Para evitar la competencia interespecífica existe una segregación espacial. De este modo aéshnidos y cordúlidos se establecen sobre aguas abiertas, libelúlidos sobre formaciones de juncos y ciperáceas, gónfidos en zonas de escasa vegetación como depósitos aluviales.

Sólo las hembras pueden penetrar en el territorio del macho y no ser expulsadas de él, y una vez más la vist juega un papel muy importante en el reconocimiento de la hembra. Las hembras son diferenciadas de los machos por su coloración y/o su patrón de movimiento. Es frecuente que entre machos y hembras exista dimorfismo sexual (heterocromía), aunque en ocasiones aparecen hembras con una forma y patrón de coloración similares o idénticos al de los machos (androcromía). Las hembras androcromas resultan menos atractivas a los machos pero sufren menos molestias por parte de éstos cuando se acercan al agua para la puesta, por lo que en algunas especies, como Ischnura elegans, acaban apareándose menos.

Mon, 2014-12-08 15:03 -- ABA6
public://pictures/picture-2-1415835206.jpg
Scratchpads developed and conceived by (alphabetical): Ed Baker, Katherine Bouton Alice Heaton Dimitris Koureas, Laurence Livermore, Dave Roberts, Simon Rycroft, Ben Scott, Vince Smith