Libélulas en la Historia

Las libélulas han servido de inspiración para el ser humano desde épocas antiquísimas, representadas en las más bellas formas de creación artística a lo largo de la historia. La primera civilización en la que podemos encontrar manifestaciones artísticas con figuras de libélulas es la egipcia; aunque es un tanto escasa. Se han podido encontrar ciertos amuletos que contienen libélulas y unos frescos en una tumba civil, donde la parte central se corresponde con unas libélulas en pleno vuelo.

Los odonatos son conocidos en Japón desde la cultura primitiva de Yayoi en los siglos III, II d.c., donde aparecen las primeras figuras. Aunque se puede remontar a unos cuantos años antes si recordamos la leyenda Jimmu Tenno, descendiente del dios sol y fundador del imperio nipón hacia 600 años a.c. En ella se cuenta que Jimmu Tenno subió a una pequeña montaña de Yamato, miró hacia el suelo y dijo: “La forma de mi país es como una pareja de akitsu (libélula)”. En el siglo XVII, basándose en la leyenda de Akitsu Shima (comentada anteriormente), las libélulas fueron consideradas símbolo de felicidad y victoria, y denominadas “katsumushi” (insecto invencible), por lo que fue usado como emblema de los yelmos de los samuráis. A todo esto se le añaden las numerosas canciones dedicadas a las libélulas, tales como Aka-tombo una canción popular de cuna.

En occidente la percepción de los odonatos ha sido a menudo ambigua e influenciada por creencias religiosas. A pesar de ello, estos insectos son elegidos para decorar textos religiosos desde la Edad Media al Renacimiento, testigo de ello es la Biblia de Gutenberg. Tras ello se suceden una serie de estatuas monumentales, donde aparecen libélulas representadas, tal como la estatua que adorna la entrada principal de la Universidad de Berge en Noruega o la de la Universidad de Latí en Finlandia.

A partir del siglo XVII empiezan a aparecer trabajos científicos, como los de Swammerden, Leeuwenhoek, y Reaumur, siendo éste último el responsable de la obra Memoria para servir a la historia de los insectos, donde dedica un tomo por completo a las libélulas, y cuyas ilustraciones y descripciones tanto biológicas como morfológicas son muy precisas.

Aunque el verdadero fundador de la ciencia odonatológica fue Edmond de Selys-Longchamps, que empezó con las primeras clasificaciones y fundó las bases de la biogeografía odonatológica. De todos los que le siguieron cabe destacar, ya en la época contemporánea, a Pierre Ágüese, cuya obra Los Odonatos de Europa occidental, del Norte de África y de las Islas Atlánticas ha sido considerado como documento de referencia.





Referencia a esta publicación:

Herrera, T. 2010. Los habitantes del agua: odonatos. Junta de Andalucía http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal_web/agencia_andaluza...
 

Wed, 2014-12-10 14:18 -- ABA6
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